sábado, 11 de mayo de 2013

Perlas guerreristas


Celebramos el ingreso de Pablo Catatumbo a las conversaciones de paz en La Habana. Ya el ex presidente Pastrana, ahora enemigo del diálogo, había puesto en duda la validez del proceso, preguntando en dónde estaba el ala militarista de las Farc, de la cual hace parte este comandante. Por Semana sabemos que Catatumbo es uno de los partidarios del diálogo, cuyos primeros acercamientos se iniciaron antes de la muerte de Cano. La ausencia de Catatumbo había dado lugar a muchas especulaciones. Los más audaces habían dicho que éste iba a ser el primer disidente del proceso; decían que el negocio de coca que tenía en el Cauca era tan bueno que no se podía retirar así no más.

Otro de los colombianos famosos que en estos días salió a decir que no está de acuerdo con las actuales conversaciones de paz es el procurador. Este hombre de mentalidad cavernaria, es uno de los principales opositores del matrimonio entre homosexuales, ha salido a decir que no acepta la impunidad del marco jurídico para la paz; es decir, la ley por la cual se debe regir el proceso. El señor dice que la masacre de Bojayá entra a hacer parte de aquello que no puede perdonarse de ninguna manera. En cambio, los centenares de masacres cometidas por el paramilitarismo si las debemos olvidar.

Otro que ha salido a hablar contra la paz es el periodista radial Herwin Hoyos. Sin ninguna argumentación, nos dice que las actuales conversaciones de La Habana son una farsa; expresión que no deja de sorprendernos, por su descaro. ¿Qué podrá significar esto? ¿Que los grupos negociadores están haciéndonos creer que discuten, sin realmente hacerlo? ¿O que fingen acordar algo que previamente está acordado? ¿Qué podrían ganar con esto, si todos los acuerdos deben ser refrendados en un plebiscito?

De su parte, el senador Lizcano salió con otra perla: “la paz es hija de la seguridad democrática”. Como a algunos uribistas les avergüenza estar contra la paz, han salido con el cuento de que la paz es hija del señor Uribe, una consecuencia de su belicoso gobierno. ¡Qué padre! ¡No ve la hora de estar en  contra de su hija!


miércoles, 1 de mayo de 2013

Más sobre la paz


Dice el periodista Darío Acevedo, en el diario El Espectador del 21 de abril, en su artículo “De Santa Fé de Ralito a La Habana:
“Sus jefes [de las AUC], como ahora los de las guerrillas, pensaron que podían aspirar a hacer política, a obtener el perdón total y a no ir a la cárcel. Esto último estuvo en la mesa de diálogo, unos acuerdos iniciales fueron debatidos ampliamente por todos los sectores de opinión”.
Esto de equiparar a la guerrilla con las AUC es común hoy en día entre algunos periodistas. Las Farc no salieron a masacrar campesinos ni a descuartizar a la gente con moto-sierras. El objetivo de las AUC era acabar con la guerrilla, según decían. Pero lo que realmente hicieron fue una contra reforma agraria. De la mano de sus socios terratenientes produjeron el mayor desplazamiento campesino que se conozca hoy en el mundo. Esto es simplemente un crimen, nunca política.
“A pesar de que los jefes paramilitares pretendieron salir a hacer política no les fue permitido y [eso] es lo que se debe resaltar. De por medio estaba el honor y la dignidad de sus miles y miles de víctimas. No entendería el pueblo colombiano que hoy se insista en otorgarles a criminales de guerra y responsables de delitos de lesa humanidad elegibilidad o altos cargos públicos”.
Sería bueno que el señor periodista nos explicara por qué las Farc son criminales de guerra. Aceptemos que lo que ha habido en este país es un conflicto. ¿Cuáles son los crímenes de guerra de la guerrilla? ¿Y cuáles los de lesa humanidad? Lo que sucedió en Bojayá, por ejemplo, ocurrió en medio de un combate, librado por desgracia en medio de un poblado chocoano. Al verse perdidos, los paramilitares se resguardaron en la iglesia, en medio de la gente, y allí les cayó el ataque de los conocidos cilindros de gas, con los dolorosos resultados que sabemos.  
Mientras el Fiscal General se deslengua abogando por [la] total impunidad para jefes guerrilleros, el ex Alto Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, que logró la desmovilización de miles de paramilitares, tiene a sus espaldas una infame orden internacional de captura. Es una lástima que gente que compartió responsabilidades con él guarden silencio. Con amigos así...”
Es cierto, es doloroso ver cómo lo han dejado solo. Claro que no está por demás recordarle al periodista que la orden de captura contra Luis Carlos Restrepo no es infame, como dice, sino plenamente justificada. ¿Cómo le pareció la desmovilización del frente Cacica, La Gaitana, con fusiles de madera y guerrilleros de pelo largo? Y hay otra cosa a la que no se le ha prestado suficiente atención: a finales del gobierno de Pastrana había dieciséis mil paramilitares, pero el gobierno de Uribe desmovilizó treinta y dos mil.  
“En conclusión, lo que muchos criticamos de este proceso no es que sea imperfecto o que se haya iniciado una negociación sino que se haya comenzado sin la voluntad expresa de dejación de armas y cese de acciones violentas por parte de las guerrillas”.
Esta es una verdad a medias. Las guerrillas si propusieron un cese al fuego, fue el gobierno el que dijo que no. En cuanto a la dejación de armas, no tengo preciso cuál sea la propuesta de la guerrilla. Pienso que es una medida prudente, no sea que se desarmen y sus enemigos los masacren. ¿Ya se nos olvidó la masacre de la Unión Patriótica?
“Se espera que haya algo de cárcel, que no se les dé elegibilidad política, que reconozcan a las víctimas, contribuyan a la verdad, reparen y pidan perdón. Lo mismo que se les aplicó a los grupos paramilitares y sin falta: dejación y entrega de armas”.
Los paramilitares se querían entregar, con un acuerdo que les perdonara toda la brutalidad que habían ejercido contra el pueblo colombiano. Las Farc han iniciado un acercamiento, tanteando una negociación. Son dos situaciones diferentes. Una brutalidad como la que habían ejercido las AUC no tenía justificación. No olvidemos que HH ha confesado siete mil quinientos asesinatos, y según él mismo llegan a doce mil, muchos de ellos con el acompañamiento del general Rito Alejo del Río.


viernes, 5 de abril de 2013

Conversaciones de paz V


Curiosamente, los que ahora son enemigos acérrimos de las conversaciones de paz con la guerrilla de las Farc, en el pasado fueron promotores irrestrictos de las conversaciones que se llevaron a cabo con los paramilitares durante el primer gobierno del doctor Álvaro Uribe; conversaciones que, como bien se sabe, extrañamente terminaron desmovilizando al doble de los hombres que había en armas al final del gobierno de Pastrana. En el momento de la negociación, los dieciséis mil miembros activos de las AUC. se convirtieron en treinta y dos mil. Era tanto el entusiasmo pacifista que hasta falsos grupos guerrilleros terminaron acogiéndose al proceso. En ese tiempo vimos guerrilleros de pelo largo y fusil de madera. El comisionado de paz de esos días, no sobra recordar, hoy anda prófugo de la justicia.

Los que hoy ven delitos de lesa humanidad por todas partes, en esos días no vieron nada; llegaron a proponer que se considerara a los paramilitares como delincuentes políticos. ¡A los señores de la motosierra! Nos recuerda la periodista María Isabel Rueda en un artículo reciente, que el doctor Fernando Londoño alcanzó a pasar un proyecto de ley donde se contemplaba una máxima sanción de cinco años para los que habían cometido masacres; como era tan vergonzoso que individuos que según sus confesiones habían matado a centenares de personas, después quedó en ocho, que tampoco es gran cosa. Apenas el doble de la pena que le fue impuesta a un hombre que se robó un caldo de gallina en un supermercado.

¿Por qué tanta indulgencia en el pasado y tanto rechazo a las conversaciones de hoy? Como primero, están en campaña política. Todo lo que sea oposición al gobierno actual, que también está en campaña, vale. Como segundo, son enemigos de cualquier acuerdo por las reformas que esto implicaría. Este conflicto les produce beneficios a algunos, en especial a políticos corruptos y militares. Por último, simpatizaban con los paramilitares, y en secreto aprobaban sus acciones.

El ahora candidato presidencial por el uribismo, doctor Oscar Iván Zuluaga, ha dicho a propósito de las actuales negociaciones que él no cree en las Farc, porque son terroristas y están metidas dentro del negocio del narcotráfico. Una frase cargada de soberbia. Si él no cree, ¿entonces no debemos negociar? Esa misma objeción habría podido habérseles hecho en su tiempo a las conversaciones de paz con las AUC. En efecto, hay frentes que están dedicados al negocio, y seguramente con ellos será más difícil negociar. Otros apenas cobran un impuesto llamado del gramaje. Y otros nada tendrán que ver, como es el caso de los frentes que operan en el interior del país, donde no hay coca.

Finalmente, los enemigos de estas conversaciones esgrimen un argumento que no deja de ser peregrino: que la motivación del presidente Santos se debe a que busca el premio nobel de la paz. ¿A nosotros los colombianos en qué nos perjudica que se lo den? Ojalá se lo den. Si consigue la paz, se lo merece sobradamente. 

viernes, 15 de marzo de 2013



Confieso que la muerte del presidente venezolano me ha causado algún sentimiento de pesar, por tratarse de un político que se dedicó a mejorar la condición de los pobres; además, porque era un hombre que podría haber vivido muchos años más. Pero las enfermedades no respetan a los poderosos, aunque dispongan de muchos medios para salvarse de ellas.

Algunos se preguntarán: ¿sentir pesar por la muerte de Chávez es un pecado? En Colombia sí. Inexplicablemente, los medios y los políticos hicieron que la mayoría de este pueblo lo detestara, sin ninguna clase de análisis. En nuestro medio, Chávez era sinónimo de ridículo.

Para ridiculizarlo, algunos periodistas colombianos lo han comparado con Eva Perón, personaje que vivió en función de sus camisitas, como les decía ella a sus seguidores. Algunos dicen que en sus gobiernos se gastó la friolera de $700 mil millones de dólares. Adecos y copeyanos los hubieran repartido entre los políticos y los ricos, como hizo Carlos Andrés Pérez con la enorme bonanza que vivió durante su primer gobierno, cuando Venezuela llegó a ser el primer consumidor absoluto de whisky del mundo.

Se le acusó, también, de ocultar a nuestra guerrilla detrás de las fronteras de su país. Pero fue de los primeros en decir que era hora de que se dedicaran a hacer política y dejaran las armas. Y agregó que el día que en Colombia se consiguiera la paz los primeros en festejarlo serían los venezolanos. Es más, en uno de esos extraños días en que el presidente Uribe pensó que la paz se podría conseguir mediante el diálogo, le pidió su apoyo.

Por ahora todos los analistas se han dedicado a decirnos que Chávez fue solamente un caudillo; es decir que con su desaparición su obra se desvanece como el humo. Habrá que ver. Por lo menos para las elecciones de abril se da por descontado el triunfo del chavismo.

Aunque todavía está temprano para hacer un balance de los efectos del chavismo, lo suyo no fue solamente caudillismo, como nos quieren hacer creer los analistas. Lo suyo fue una democracia popular, que mejoró radicalmente la condición de los pobres en Venezuela. Lo hizo hasta tal punto que modificó el índice de gini. En cuanto a la legitimidad de su tarea, nunca unas elecciones habían sido tan claras y tan limpias; a lo cual hay que sumarle la alta participación de los venezolanos que superó a veces el ochenta por ciento, una cifra que en Colombia no ha pasado del treinta o cuarenta por ciento.  

lunes, 25 de febrero de 2013

Conversaciones de paz IV

Este blog seguirá defendiendo a capa y espada las negociaciones de paz que se están llevando a cabo en La Habana. Pienso que esa es una de las tareas más ambiciosas y benéficas (Dios nos libre de usar el adefesio beneficiosas, tan de moda hoy en día) que se ha propuesto el gobierno de Santos.

Si se logra negociar la paz, este país podrá empezar a pensar en su futuro. A establecer una agenda diferente a la guerra. Podremos dedicar nuestros gastos militares a la educación de nuestro pueblo ignorante, a crear más fuentes de empleo y a modernizar nuestra infraestructura. Incluso, a limpiar la corrupción que nos ha hecho tanto daño. Porque entre otras cosas, como a la existencia de la guerrilla se le adjudican todos nuestros males, muchas cosas pasan de agache. En este sentido, para los corruptos es conveniente que el problema de la guerrilla no tenga remedio.

En esta ocasión, como anota el periodista León Valencia, las negociaciones no tienen enemigos agazapados, como decía Otto Morales en la época de Betancur. Los enemigos, a la cabeza de los señores Álvaro Uribe y Fernando Londoño, están abiertamente y frontalmente opuestos al proceso con toda clase de argumentos falaces.

El señor Uribe también intentó acercamientos con la guerrilla, durante sus ocho años de gobierno. Pero no llegó a ninguna parte. Entre otras cosas, porque él también quiere la paz (¡ni que fuera bruto!), pero sin concesiones ni reformas de ninguna clase; como si el fenómeno de la guerrilla no tuviera un origen en los problemas del agro. Su propuesta es simplemente dejar todo igual, pero que los guerrilleros se rindan y depongan las armas. Es decir, bala para otros cuarenta años. Bala y contratos.

Curiosamente, la llamada opinión pública nunca había estado tan apática ante un acontecimiento tan importante. La idea de que el proceso se desarrolle en medio de las balas también les ha dado mucha munición a los críticos. Claro que si hubiera habido una tregua habrían salido a decir que el gobierno estaba amarrando a la fuerza pública. Cada soldado muerto es un soldado asesinado; los guerrilleros caídos, en cambio, son simplemente dados de baja; cada operativo de la guerrilla es un nuevo acto terrorista. En cambio todas las acciones del gobierno son legítimas.

A este clima enrarecido contribuyen curiosamente las partes más interesadas. De una parte, el presidente continuamente está diciendo que se puede retirar de la mesa en cualquier momento, como si le fuera indiferente negociar. Ningún ministro defiende el proceso; el de la defensa en declaración sale con la misma cantinela: que los guerrilleros mienten, que son cobardes y terroristas. De la otra parte, los voceros la guerrilla, cada que tienen un micrófono al frente, salen a decir necedades que los medios ventilan a los cuatro vientos.

Sin embargo, parece que en la mesa de conversaciones hay avances. Están a punto de terminar la discusión del tema del agro, el primero de los cinco puntos que se van a tratar.   

domingo, 10 de febrero de 2013

Emma Reyes



No deja de ser curioso que Emma Reyes, que nunca fue literata, pueda haber escrito un libro tan conmovedor como el que han publicado recientemente con el nombre de Emma Reyes. Memoria por correspondencia. Incluso, el estilo a veces es descuidado. Es frecuente encontrar en el texto una mala utilización del adjetivo grande; por ejemplo: “…venía una sola vez al día y nos dejaba una grande olla de mazamorra” o “el grande hueco de la chapa”. Claro que cuando quiere hacer estilo, lo hace; y de qué manera, como cuando dice: “yo recordaré ese incendio [el de Guateque] como el espectáculo más bello y extraordinario de mi infancia. Por mucho tiempo, creí que el incendio era parte de las fiestas en honor del Sr. Gobernador” (carta número siete, p. 57)

¿Será que para escribir un buen libro no se requiere ser literato ni muy entendido en el arte de escribir? Al menos en este caso lo que nos queda claro es que la fuerza narrativa de la historia es tan grande que la autora no precisa de mucha técnica para hacernos pegar de su libro hasta el final, con el corazón agitado. Y es que esta pintora, produjo una obra única, conmovedora, probablemente sin proponérselo. En algún momento dice: “Yo no dejo copia, pues escribo directamente y ya no me acuerdo de lo que he escrito antes” (p. 39). Seguramente no se propuso escribir una novela, sino tratar de entender su propia vida, contándosela a otro. Entre otras cosas, para eso es que se escribe.

Nos deja para la imaginación lo que vivió después de que se escapó del convento hasta que se convirtió en una importante pintora. La lucha no debe haber sido poca, después de una infancia como la que tuvo que vivir.

Aquí también surge otra inquietud. Los mayores nos desvelamos haciendo lo posible y lo imposible para que nuestros hijos sean felices; para que después tengan los mejores recuerdos de nosotros. En ese abandono en que vivieron ella y su hermana, al menos durante los primeros veinte años, ¿fueron felices? Ni remotamente. Pero su vida es un ejemplo único de superación; “un triunfo humano”, como dice el señor Malcom Deas, en su introducción al libro. 

Finalmente, nos queda la pregunta: ¿qué clase de país era este? ¿Que tal el niño que regalan porque el papá tiene una carrera política en ascenso?

jueves, 10 de enero de 2013

Conversaciones de paz III


Como hoy en día se les ha dado una importancia inusitada a las encuestas, ahora nos han salido los medios con el cuento de que el 57% de los colombianos no cree que las conversaciones de paz entre el gobierno y las Farc lleguen a alguna parte. No sabemos cómo lo midieron. Porque este tipo de mediciones suele ser impreciso; prueba de ello fueron las últimas elecciones de los Estados Unidos, donde según todas las encuestas Barack Obama a duras penas empataba con Romney. Pero vimos lo contrario.

Los que claramente desean que la guerra continúe son los que se benefician con ella, como los militares, los contratistas del ejército y los sectores políticos que se la han jugado toda a la guerra y de un momento a otro no pueden salir a decirnos que son partidarios de la paz; tal es el caso del uribismo, que se la jugó toda a la guerra.

Lo que hay que decir claramente es que esa guerra hoy no tiene ningún sentido. Las Farc no tienen ninguna fuerza política. Si la tuvieron en otro tiempo, la perdieron con prácticas como el secuestro. Con más de quince mil secuestros políticos y extorsivos, las Farc son campeonas en esta aberrante actividad.

A finales del año pasado se hizo un foro agrario, con la organización del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz de la Universidad Nacional de Colombia y de la Oficina de las Naciones Unidas en Colombia. Uno de los grandes ausentes fue el sector ganadero, representado por el señor José Félix Lafourie, que dijo inicialmente que las Farc estaban detrás de la organización del foro. Después dijo que los ganaderos eran las principales víctimas de esa guerra y que por tanto no se harían presentes en el foro.

He sacado de la página www.laverdadAbierta.com los puntos claves del foro agrario.

1.    Realización de un censo agrícola, para poder diagnosticar la situación real del campo y de las comunidades que viven de trabajo de la tierra.

2.    Distribución de la tierra y sus usos. Según Eberto Diaz, de la Mesa de Unidad Agraria, “cerca de 21 millones de hectáreas son aptas para la explotación agrícola pero solo 4 millones son usadas para ese fin. Mientras que en la ganadería sólo 20 millones de hectáreas son aptas para esa actividad, se están usando 38 millones, es decir le están quitando espacio al agro."

3.    Política de tierras con enfoque diferencial. “Comunidades campesinas, indígenas, de afro descendientes, de mujeres, de jóvenes y de víctimas del desplazamiento y del conflicto colombiano, entre otros, aseguraron que una de las fallas que han tenido los programas del gobierno es que se desconoce que las culturas y características diferenciales de cada población y cada territorio”.

4.    Políticas de desarrollo social. "Los peores indicadores de desarrollo social y humano se presentan en el campo. Dos de cada tres personas están en la pobreza y una quinta parte en indigencia. No hay cobertura en salud y educación y los servicios públicos son deficientes", Santiago Perry, Secretario Técnico del Grupo Dialogo Rural Colombia.

5.    Infraestructura y modernización del campo. Otra manifestación del olvido del campo es, según Rafael Mejía de la SAC, el atraso en la infraestructura vial, de telecomunicaciones, de riego y de equipos automotores hecho que ha limitado el desarrollo rural.

6.    Extensión de formas de titulación colectiva. De acuerdo con las conclusiones del foro, la mayoría de tenedores de predios y de pequeños productores campesinos, indígenas y afro descendientes, no han podido legalizar sus tierras, motivo por el cual, la titulación de las tierras es uno de los problemas más urgentes a solucionar.

7.    Garantías para el retorno y la restitución. La ley de tierras es una ley para restituirles la tierra a los que han sido despojados de ella. Pero no hay que hacerla pasar como una reforma agraria.

8.    Inversión extranjera. Los participantes dijeron: "Proponemos límites a la inversión extranjera y a la acción de las trasnacionales, debido particularmente a lo que hace referencia a los efectos ambientales, a los derechos de los trabajadores y la propiedad de la tierra”.

viernes, 19 de octubre de 2012

Conversaciones de paz II



Ayer 19 de octubre empezaron en Oslo formalmente las conversaciones de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc. En pocos días empezará en La Habana la negociación real. Hoy la opinión se muestra preocupada con el discurso de Iván Márquez, por considerarlo poco amistoso. ¿Qué esperaban? ¿Un discurso conciliatorio? En resumen, lo que dijo es que ellos no están vencidos y que en las condiciones geográficas colombianas es difícil que los venzan; cierto. Precisamente el gobierno ha propuesto esta negociación  porque no ha podido vencerlos después de años de confrontación. También se despachó contra la minería: tanto la legal como la ilegal están acabando con el país. Cierto.  Para no ir muy lejos, Cerromatoso nos debe muchas explicaciones a los colombianos, tanto en lo referente a la salud de sus trabajadores como en lo referente a las regalías, para no entrar en detalles como el de la sospechosa renovación de su contrato. En cuanto a las primeras, Montelíbano es uno de los municipios más pobres de Colombia que más recibe regalías. ¿Para dónde se van? Me refiero a las que pagan. También cuestionó y llamó tramposa la ley de restitución de tierras, posición parecida a la de Uribe y Londoño. Probablemente el señor no conoce la ley ni sus alcances. Hasta donde sabemos, la idea es devolverles la tierra a los que se la arrebataron. ¿Se podrá? Por lo menos en principio eso no es una trampa. También habló contra los TLC, cosa que no es nueva en ellos. Siempre han estado en su contra. Además, por lo que sabemos, el sector agropecuario será uno de los más perjudicados.

Después, según la revista Semana, en la rueda de prensa el señor Márquez se mostró más amable y simpático de lo necesario, lo cual le da pie al redactor del artículo de preguntarse si a la hora del discurso el señor estaría dando un show. Es lo más probable.

Antes de la reunión en Oslo, escribió Fernando Londoño un artículo en su columna habitual de El Tiempo, en la cual empieza afirmando que los cinco personajes que conforman el equipo de negociación del gobierno son de muy variada condición. ¿Los quería iguales? Precisamente de eso se trata y eso es lo mejor que tienen. Después sin ningún argumento dice que en La Habana esos negociadores no van a negociar nada. Ya hay unos puntos concretos sobre los cuales se va a hablar. Eso lo sabe Londoño, uno de los representantes más conspicuos de la caverna colombiana. Pero él escribe para los enemigos de la paz, que a la hora de la verdad no necesitan mayor argumentación. Finalmente, termina diciendo que negociadores de las Farc son treinta bandidos, con los cuales no hay nada de que hablar, cosa que ha dicho siempre. Con lo cual concluye que no se necesita diálogo sino bala.

En verdad, un personaje más sabio y ecuánime, el señor Nelson Mandela, dijo que la paz se hace con los enemigos. 

lunes, 17 de septiembre de 2012

Conversaciones de paz


Los partidarios de la paz estamos moderadamente contentos con las últimas noticias del presidente Santos; pero al mismo tiempo confundidos con la reacción de los enemigos de la paz, que no son pocos. Apenas se estaba poniendo el tema sobre el tapete cuando empezaron los destemplados trinos del ex presidente Uribe, diciendo que el gobierno de Santos prefería el diálogo con los terroristas al diálogo con sus ciudadanos.

Después de cincuenta años de guerra, lo que los ciudadanos anhelamos es que se le ponga fin para siempre a este conflicto que se libra “entre los hijos de los pobres”, como dijo el reportero francés Langlois. A lo cual le agregaría yo: para beneficio de unos cuantos ricos.
Este conflicto les ha servido a los políticos para adjudicarle todos los problemas a la guerrilla. Según ellos, los colombianos somos unas palomitas; los malos los de las Farc. Tanto ha calado esto que las autoridades muchas veces no se toman la molestia de investigar qué pasó; sino que simplemente todo lo malo que nos sucede es obra de las Farc.

Cuando este conflicto esté solucionado, podremos enfrentar nuestros verdaderos problemas. Una corrupción galopante, recrudecida durante el gobierno de Uribe, que en su afán de reelegirse no vaciló en cambiar votos por notarías. Una justicia politizada, ineficiente y corrupta; además de torpe y terca, como se vio en el reciente caso del ex diputado Sigifredo López. A todo lo cual se agrega un mal manejo de nuestros recursos mineros y ambientales, poca educación y un pésimo y preocupante manejo de la salud. Más una distribución injusta e inequitativa de la riqueza, que según algunos es una de las principales causas del conflicto.

El argumento de los enemigos de la paz es que las condiciones no están dadas. Pero no se toman la molestia de explicarnos cuáles deben ser esas condiciones. Las dos partes están de acuerdo en empezar conversaciones de paz, primera condición de todo diálogo. Otros se preguntan qué se puede hablar con gente dedicada al terror. Bueno, se trata precisamente de acabar con el terror.

Los uribistas dicen que hay que preguntarles a las guerrillas cuándo van a dejar de cometer crímenes. Claro que ellos no se tomaron el cuidado de preguntarles lo mismo a los paramilitares, que en sólo diez años de actividad (1990-2000) tienen en su cuenta no menos de ciento cincuenta mil asesinatos, según datos oficiales.

Será un proceso difícil. Algunos comentaristas ya se han anticipado a decir que los miembros del equipo que va a representar al gobierno en las negociaciones no son los más idóneos. En verdad, de la persona que muchos han sospechado es del general Mora, un militar de ultraderecha, retirado, por fortuna, que mientras fue activo tuvo muchos problemas con los ministros de la defensa y hasta con los mismos presidentes. Para Mora, sólo hay una salida: la bala. Pero sí aceptó estar ahí es porque cree que tiene algo que decir. Amanecerá y veremos…

miércoles, 29 de agosto de 2012

El Último Encuentro (II)



Las cortinas y la araña del gran salón empiezan a moverse. Afuera ha empezado una tormenta. Un rayo daña la central eléctrica de la ciudad. Alumbrados por el fuego de la chimenea y dos velas solitarias que han quedado encendidas, nuestros amigos continúan su diálogo. Parece que van entrando en materia.

—Los dos sabíamos que nos volveríamos a ver —dice Henrik—, y que con ello se acabaría todo. Se acabaría nuestra vida y todo lo que hasta ahora ha llenado nuestra vida de contenido y de tensión. Porque los secretos que se oponen entre nosotros tienen una fuerza peculiar… Y mientras uno tenga algo que hacer en esta tierra se mantiene con vida.
Según lo visto en este libro, en La Hermana y en La Mujer Justa, el ambiente en que mejor se mueve Márai es el monólogo. En este libro el que habla es Henrik; tal vez sea el que tiene más cosas guardadas; supuestamente es el ofendido. Él que ha meditado más sobre el tema en la soledad de su vida y de sus bosques.

Henrik acusa a Konrad de haber huido intempestivamente de Viena. Y lo que es peor: de haberlo traicionado a él, su mejor amigo. Pero aquella traición había empezado tres años antes, cuando Konrad se cambió de casa; una casa a la cual nunca había invitado a su amigo. Cuando Henrik supo de su huida,  va a buscarlo a esa casa. Es la primera vez que va. Está observando con detalle, sorprendido, el lujo y el cuidado con que la ha adornado su amigo, cuando entra Krisztina, su esposa. Naturalmente, Henrik piensa que ésa no era la primera vez que ella iba a la casa de su amigo.

—Te fuiste sin despedirte, aunque no del todo, puesto que el día anterior, durante la cacería, había ocurrido algo cuyo significado comprendí más adelante, y aquello ya había sido una despedida.

La cacería a la que alude Henrik se había organizado la víspera, en sus bosques. En esa cacería Konrad había pensado matarlo. Al amanecer, “el momento en que la noche todavía está viva”, Konrad estaba a sus espaldas; a trescientos pasos, entre los dos, apareció un ciervo. Henrik sintió cuando su amigo montó el gatillo de la escopeta. Era imposible que estuviera pensando en dispararle al ciervo, estando él en la línea de tiro. No quiso mirarle a la cara. Sólo esperó a ver qué pasaba.

Ante la terrible acusación, Konrad calla.

—La verdad era que tú me habías odiado durante veintidós años… El ciervo desapareció entre los árboles, y nosotros no nos movimos. Quizás si te hubiese mirado a la cara en aquel instante, me habría enterado de todo… A mitad del camino, mientras subíamos a la cima del monte, te dije: ‘Has fallado’. No respondiste. Aquel silencio fue como una confesión.

Cuando los cazadores se dispersan por el bosque, Konrad regresa a Viena, sin decírselo a nadie. Por la noche regresa, vestido de gala, a cenar en la mansión. Henrik no ha visto a Krisztina en todo el día. La encuentra concentrada en la lectura de un libro sobre la vida en el trópico. Pálida, mira un rato a Henrik, sin decirle una sola palabra. ¿Estaría enterada de los planes de Konrad? El narrador no lo dice. Pero si también estaba leyendo un libro sobre la vida en el trópico, el lugar de la tierra para donde piensa marcharse Konrad, un libro que después sabremos que se lo ha pasado él mismo, es porque en efecto está al tanto de todo.

En la conversación que se desarrolla mientras cenan, los únicos que hablan son Krisztina y Konrad. Hablan del trópico, tema del que está excluido Henrik, que poco o nada sabe de él. Con mucho interés, Konrad le pregunta si ella sería capaz de adaptarse a esa vida, habiendo vivido siempre en un país de estaciones. Cuando Krisztina y Konrad se han retirado, Henrik ojea el libro y piensa: “Krisztina no está contenta aquí, desea irse. Está pensando en mundos lejanos… Quizás esté deseando huir de aquí”.

En cuanto a las consecuencias que estos sucesos tuvieron en la vida matrimonial de Henrik, éste le cuenta al invitado:

—No solamente tú cenaste con ella esa noche por última vez, sino que yo también. Porque todo había ocurrido entre nosotros tres aquel día, de la manera como tenía que ocurrir. Vivió ocho años más, pero jamás nos volvimos a hablar.

Para terminar el monólogo, que es prácticamente su venganza, Henrik le dice a Konrad que quiere hacerle dos preguntas. Que no le va a preguntar si lo intentó matar el día de la cacería o si fue amante de Krisztina. Esas preguntas ya han tenido respuesta. Además, “¿qué significa la fidelidad, qué esperamos de la persona a la que amamos? Cuando le exigimos a alguien fidelidad, ¿es acaso nuestro propósito que la otra persona sea feliz? Si la otra persona no es feliz en la sutil esclavitud de la fidelidad, ¿amamos a esa persona a la que se la exigimos?” La primera pregunta es: “¿sabía Krisztina que tú ibas a matarme aquella mañana, en la cacería?” Pero apenas la formula, decide cambiarla. Dice: “Krisztina dijo que eras un cobarde, yo pregunto: ¿cobarde porque el plan no se había cumplido?

Al amanecer, ya para irse, el invitado que se ha negado a contestar a la primera pregunta, le dice a su antiguo amigo:

—¿Y cuál era la otra?

—La otra es si esa penosa atracción por una mujer que ha muerto no habrá sido el contenido de nuestras vidas. ¿Crees tú también que el sentido de la vida no es otro que la pasión, que un día colma nuestro corazón, nuestra alma y nuestro cuerpo y que después arde para siempre, hasta la muerte, pase lo que pase?

—¿Por qué me lo preguntas? —dice el otro con calma—. Sabes que es así.

En verdad, con su última pregunta el ofendido le perdona al amigo. ¿Por qué el amigo no podía enamorarse perdidamente de la mujer del otro? ¿Y por qué la que ha sido su mujer no puede enamorarse del otro? ¿Qué propiedad tiene el marido sobre su mujer?    


miércoles, 15 de agosto de 2012

El Último Encuentro, Sándor Márai (I)


Editorial Salamandra, julio del 2006, 188 páginas. Bien traducido del húngaro por Julius Xantus Szarvas.

Próximos a cumplir setenta y cinco años de vida, dos hombres que fueron grandes amigos en su juventud, que no se ven desde hace cuarenta y un años, se reúnen en la casa de uno de ellos para tratar unos asuntos importantes que ocurrieron en el pasado; asuntos que siguen pendientes, aunque hayan pasado todos esos años, relacionados con el amor hacia una misma mujer y la amistad que existió entre ellos.

Desde que empezaron su carrera militar en Viena, a finales del siglo XIX, había surgido entre ellos una intensa amistad, al estilo de aquellas que surgen entre los adolescentes. Cuando se conocieron, tenían diez años. En la Academia Militar dormían en camas contiguas. Desde el primer día supieron que su encuentro prevalecería durante toda su vida. Konrad, era un estudiante pobre, al que sus padres le pagaban su costosa educación a costa de renunciar a casi todo en sus vidas. Henrik, el otro, era hijo de nobles; con excepción de su época de estudiante vivida en Viena y del año de luna de miel en que viajó con su esposa por Europa y el Oriente, había vivido toda la vida en la mansión familiar. Conocía tanto su habitación que sabía que “había diecisiete pasos desde la pared del jardín hasta la cama. Dieciocho desde la pared del jardín hasta el balcón. Los había contado muchas veces, y lo sabía con certeza y precisión”.

En aquella mansión también habían vivido sus padres. Su padre amaba la cacería en la misma medida en que su madre la detestaba. La condesa, madre de Henrik, “había prohibido que los cazadores entraran en la mansión; mandó que hiciesen desaparecer todo lo que recordase la caza… Fue entonces cuando el capitán de la guardia imperial mandó construir la casa del bosque…” Y después de trasladar todas sus armas y demás elementos se trasladó a vivir él, y sólo iba a la mansión a las horas de las comidas.

Konrad tenía un refugio adonde su amigo no podía seguirle: la música. “La escuchaba con la misma atención que presta un condenado en su celda al ruido de pasos que quizás lleven la noticia de su salvación. En esos momentos no oía a los se dirigían a él… En esos momentos Konrad no era un soldado”. Una noche, después de oír y ver a Konrad tocar la polonesa-Fantasía de Chopin, el padre de Henrik dijo: “Konrad nunca será un soldado, porque es diferente”.

Por influencias del padre de Henrik, los jóvenes pasaron los primeros años de servicio cerca de la corte, en una casa que les alquiló aquél cerca al Schönbrunn, en el barrio de Hietzing. A veces Konrad pasaba semanas enteras sin salir de la casa en horas de la noche; en parte por sus hábitos solitarios, en parte porque no disponía de dinero como su amigo que llevaba una agitada vida social. “Llegaba del mundo exterior, donde sonaba la música en los restaurantes, en las salas de baile, en los salones del centro de la ciudad, aunque se trataba de una música distinta de la que su amigo prefería. Esa música sonaba para que la vida fuera más placentera, más festiva, para que brillaran los ojos de las señoras… La música que Konrad prefería no sonaba para que la gente olvidara ciertas cosas, sino que despertaba pasiones, despertaba incluso un sentimiento de culpa, y su propósito era lograr que la vida fuera más real en el corazón y en la mente de los seres humanos…”

Es importante tener en cuenta todo el énfasis de Márai en decirnos que la música para ambos jóvenes tenía un significado diferente.

Aunque están viviendo lejos el uno del otro y llevan cuarenta y un años sin verse, algún día convienen una cita. Ese día la mansión es transformada. Las telarañas y el polvo que se habían acumulado durante años, son limpiados por la numerosa servidumbre; tal vez desde la época en que Henrik había estado casado nadie se había preocupado por ponerles flores en los jarrones ni limpiar cuartos y paredes con el mismo esmero con el que lo habían hecho antes. “La mansión había empezado a revivir en las últimas horas, como un mecanismo el que le hubiesen dado cuerda”… “Los objetos parecían recobrar el sentido de su ser”. Mientras dirige la operación de limpieza, Henrik está pendiente de que todo esté igual que hace cuarenta y un años.

—Ese sillón de cuero estaba a la derecha —observó.

—¿Qué quieres de ese hombre? —preguntó de repente la nodriza, que ya tiene noventa y cuatro años.
                 
—La verdad —respondió el general.   

Finalmente llega el invitado. Después de que se observan minuciosamente para ver qué huellas ha dejado en sus rostros el paso del tiempo, exclaman: “hemos pasado la prueba”.
Después de la comida, mientras se toman unos vinos, siguen conversando sobre la vida en el trópico que ha llevado Konrad desde que se fue de Viena; conversan sobre la guerra del 14, que Konrad pasó en Singapur, mientras que Henrik tuvo que participar en ella, puesto que todavía estaba de servicio. De repente Konrad pregunta:

—¿Cuándo murió Krisztina?

—¿Y cómo sabes que ella ha muerto? —pregunta Henrik.

—Si no está aquí sentada con nosotros, ¿en dónde más puede estar? Sólo en la tumba. ¿Hace mucho que murió?

—Ocho años después de que tú te fueras.

Henrik le pregunta a Konrad si tocó la polonesa-Fantasía mientras estuvo en el trópico. Konrad responde:

—No. Nunca he tocado nada de Chopin en el trópico.

sábado, 4 de agosto de 2012

La Mujer Justa, de Sándor Márai (II)


Al igual que las dos primeras partes, la tercera también es un monólogo. Fue escrita después en Italia, donde Márai se exilió durante la Segunda Guerra, antes de partir para los Estados Unidos, donde pasó el resto de su vida. Las dos primeras fueron publicadas en Hungría, en 1941. La tercera fue añadida a la versión alemana de 1949.

Judith se dirige a su nuevo compañero sentimental, un baterista de orquesta, al parecer más interesado en las pertenencias que aún le quedan a ella, que en su amor. Cosa que ella sabe y no le reprocha. Pasan una temporada en una posada romana, gastándose lo último que le queda a ella de los saqueos que les hizo a Peter y su familia; “con esos robos –dice-, yo no buscaba beneficio sino justicia”; casualmente, están alojados en el mismo cuarto donde había vivido el escritor Lázár durante la guerra. Aunque en su relato se refiere a su relación con Peter, Judith hace mucho énfasis al decir que se casó con él sin sentir la menor brizna de amor.

A diferencia de la primera esposa de Peter que sólo habla de su matrimonio, Judith habla sobre lo divino y lo humano. En primer lugar, hace un análisis sobre la vida tan curiosa que llevaban sus patrones ricos. “Comprendí que todas las cosas con que abarrotaban la casa no eran para ellos meros objetos útiles sino una auténtica obsesión”. O de los ricos que seguían viviendo como tales en medio de la guerra, como la señora que hacía dieta y se arreglaba las uñas en el sótano en la época de los bombardeos. Después se detiene a recordar a Lázár, que sin dudas es el mismo Márai. Un retrato donde el escritor no se pinta satisfecho con la vida que lleva ni con su oficio. “Cuando lo conocí, él estaba dispuesto a matar, a estrangular al escritor que había en él”, dice Judith.

Una de las cosas que más ofendían a Judith cuando era criada, era la bondad con que la trataban la señora y el señorito, como ella le llama al que iba a ser su esposo. En cambio, “con el ilustre señor hice las paces pronto”. La diferencia estaba en que el ilustre señor la trataba como a una cosa, sin ninguna compasión por su pobreza.

La historia de Judith no es un pasaje autobiográfico de Márai, porque éste se casó a los 23 años con una mujer judía, de una acaudalada familia burguesa, a la que amó intensamente, según dicen sus biógrafos, y con la que convivió hasta la muerte de ella, sesenta años después.

Otra cosa que Judith examina con detalle es la guerra. Las consecuencias que ésta tuvo para sus vidas; y para Hungría, que en la guerra estuvo en manos de los alemanes y al final pasó a manos de los rusos. Aunque Judith no parece ser una persona sensible, no deja de registrar el dolor de ver a la hermosa Buda-Pest destrozada, y su gente aterrorizada, huyendo de los bombardeos y defendiéndose del hambre; una guerra que igualó por lo bajo a pobres y ricos. Judith nos cuenta de una condesa que estaba vendiendo buñuelos sentada en un andén, como lo habían hecho siempre las mujeres pobres.

Para Marai, un novelista exitoso y reconocido en ese momento, la guerra significó el exilio y el anonimato. Los rusos lo trataron como burgués y decadente, dos adjetivos fatales en esa época del llamado socialismo soviético, con los cuales liquidaban al que no pensara como ellos. “De hecho –dice Judith-, cuando yo lo conocí ya no aparecía en la prensa. Antes, por lo visto, había tenido algo de fama. Pero al final de la guerra ya lo habían olvidado”.

Del pesimismo que invadió a la humanidad, después de asistir a ese desastre que fue la guerra, no se salva Márai. Incluso su vocera, Judith, nos dice: “él era un escritor que ya no quería escribir porque no creía que la palabra escrita pudiera cambiar nada en la naturaleza humana”.
  

    

viernes, 20 de julio de 2012

La Mujer Justa, de Sándor Márai (I)


El importante industrial húngaro, Peter, se ha casado dos veces. En las dos ocasiones, aunque lo ha hecho enamorado y bien dispuesto, al poco tiempo ha empezado a sentir un vacío terrible: la sensación de vivir sin algo que lo ate de verdad a la vida; un vacío que nada ni nadie puede llenar.

En la primera parte, en lo que es prácticamente un monólogo, la primera mujer de Peter, Marika, le cuenta a su mejor amiga cómo fracasó en su matrimonio, a pesar de haber estado enamorada y empeñada en sostener la relación a como diera lugar, luchando contra todas las fuerzas.

—¿Tienes tiempo? Yo tengo mucho tiempo, por desgracia— le dice a su amiga.

Le cuenta que cualquier día su marido la llama con cierto afán desde la fábrica para que le envíe la billetera que se le ha quedado en la casa. Por el tono de voz, ella advierte que éste no es un olvido cualquiera. Ocho años de matrimonio le han dado la suspicacia necesaria para entenderlo así. Al revisar al detalle la billetera, encuentra un trozo de cinta morado, que jamás había visto. Entregada en cuerpo y alma a dilucidar el caso, deduce que la cinta es el motivo de los nervios de su marido, puesto que en la billetera sólo había unos pocos billetes y dos carnets sin mayor importancia. Desesperada por saber de qué se trata, acude donde Lázár, escritor famoso, amigo de Peter, desde la infancia. Con las pistas que Lázár le da, al otro día descubre que se trata de Judith, persona que se desempeña como criada en la casa de su suegra, desde la edad de quince años.

Resuelto el enigma, el matrimonio sobrevive dos años más, en los que ninguno se queja después de haberlos vivido mal. Entretanto, Judith se ha ido a vivir a Londres, sin avisarle a nadie. A su regreso, el matrimonio de Peter y Marika termina, sin pena ni gloria. Poco después se inicia el segundo matrimonio de nuestro hombre, esta vez con Judith, persona que después nos contará que todo este tiempo lo ha pasado a la espera.

En la segunda parte, Peter departe en la misma cafetería con un amigo, también húngaro, que acaba de llegar del Perú donde trabajó muchos años. Su tema de conversación, otro monólogo, además de sus dos matrimonios, es un análisis de lo que fue su vida de soltero rico. Como de pasada, le cuenta al otro que cuando tenía veintiocho años llegó Judith a trabajar a casa de sus padres. Interesado en la hermosa y extraña muchacha y un poco confundido con su propia vida, de una manera digamos precipitada, Peter le propone matrimonio. Sin ninguna emoción la muchacha rechaza su propuesta, aunque con ese matrimonio hubiera podido resolver muchas cosas en su vida.

Curiosamente, en su relato Peter le dedica más tiempo a repasar lo que fue su segundo matrimonio. La primera mujer era culta, de clase media, inteligente. Podría decirse que llevaban una vida relativamente tranquila, en buena parte gracias a ella. La segunda, Judith, pertenecía a una familia campesina pobre del otro lado del Danubio. Sus años de infancia lo había vivido en una especie de hueco, donde su familia había construido su vivienda, hueco que compartían en los inviernos más intensos con los ratones del campo.

Su matrimonio con un hombre rico y poderoso, debería haberle proporcionado a Judith una intensa dicha. Pero nada más lejos de la verdad. Habiéndose visto rica y poderosa, se convierte en una compradora compulsiva de pieles y joyas, que nunca está satisfecha, a pesar de tener llenos todos los escaparates. Su marido, que no es avaro, le ha abierto una jugosa cuenta bancaria, con su respectiva chequera o talonario. Al cabo de tres meses le avisan del banco que la cuenta de su mujer está sobregirada. Extrañado por la rapidez con que se ha gastado la importante suma, Peter le llama la atención a su mujer. Ésta acepta que ha comprado más de lo necesario. Pero no se corrige del extraño vicio de comprar. Después Peter descubre que ella le roba.

A propósito del robo, nos dice Judith que todos los criados robaban, menos ella “que no tenía de dónde robar”. Habla de sus primeros días como criada.
 
Para Marai, en cierto modo, en la vida sólo obedecemos a extrañas fuerzas, que son las que nos trazan el camino, por más que tengamos la sensación de ser libres. El primer matrimonio de Peter, por ejemplo, estaba acabado desde hacía varios años; sabían que entre ellos ya no había nada que los impeliera a seguir juntos, pero seguían haciéndolo, a pesar de saberlo; y tuvieron que pasar años antes de que tomaran la decisión de divorciarse.

jueves, 21 de junio de 2012

Ana Karenina II


Con Ana Karenina sucede una cosa muy particular. Las damas de la gran sociedad la envidian por haber tomado la decisión de dejar al burócrata de su marido, un hombre que no parece tener sentimientos sino para los códigos y los archivos; una de cuyas obsesiones es la de tener bonito y bien arreglado el escritorio. Ana lo ha dejado por Vronski, un hombre joven, rico, bien parecido; al parecer con mucho futuro en el mundo de la corte y los negocios. Con Karenin, sus relaciones amorosas habían llegado a un punto muerto hacía años. Dice Citati: “algún gesto nos deja entrever una relación, no de amor, sino de confianza afectuosa con el marido”. Con Vronski, en cambio, existe una gran pasión, y en un momento difícil éste llega al borde del suicidio por ella.

En el hipódromo, el día de las carreras, cuando Vronski se cae de su yegua, y no se sabe qué puede haberle pasado, Ana no puede ocultarle a su marido que tiene amores con aquél. Curiosamente, la reacción de Karenin es decirle que debe guardar las apariencias; como quien dice que lo grave y complicado no es el amor que sienta por otro, sino que los demás lo sepan.

La gente de la corte no se caracteriza propiamente por sus sanas costumbres. Todas las princesas, duquesas, condesas y demás damas de alta alcurnia tienen o han tenido amantes, lo cual no es mal visto en la época que nos describe Tolstoi. Pero, curiosamente, cuando Ana se enamora perdidamente de Vronski, ninguna de sus amigas quiere volver a saber de ella; incluida la princesa Betsy, que no ha sobresalido propiamente por la fidelidad a su marido. Cuando sabe que Ana está en San Petersburgo, Betsy, que ha sido su gran amiga, la visita a escondidas y le advierte que no la puede volver a recibir en su palacio. La noche que Ana se presenta en el teatro, en uno de los palcos de honor, en compañía de unos oficiales amigos de Vronski, es el centro de todas las miradas desaprobatorias de su conducta. Una señora de la corte la insulta en presencia de todos.

¿Por qué estas damas pueden permitirse tener amantes y cuando Ana consigue el suyo la evitan, y hasta se escandalizan? La primera respuesta que se nos viene a la mente es que Ana se ha enamorado de verdad, y lo de las otras es algo superficial. Pero cabe la contra-pregunta: ¿es que el amor verdadero es peligroso o indeseable? En cierta manera sí, porque modifica la manera de ver el mundo. No olvidemos que el verdadero amor no es frecuente en las cortes. Muchos matrimonios se hacen por conveniencia, para que la niña quede “bien” casada; es decir, con un marido adinerado, como si las únicas preocupaciones de una mujer fueran las de dinero.