
Confieso que la muerte del presidente venezolano me ha
causado algún sentimiento de pesar, por tratarse de un político que se dedicó a
mejorar la condición de los pobres; además, porque era un hombre que podría
haber vivido muchos años más. Pero las enfermedades no respetan a los
poderosos, aunque dispongan de muchos medios para salvarse de ellas.
Algunos se preguntarán: ¿sentir pesar por la muerte de
Chávez es un pecado? En Colombia sí. Inexplicablemente, los medios y los
políticos hicieron que la mayoría de este pueblo lo detestara, sin ninguna
clase de análisis. En nuestro medio, Chávez era sinónimo de ridículo.
Para ridiculizarlo, algunos periodistas colombianos lo
han comparado con Eva Perón, personaje que vivió en función de sus camisitas, como les decía ella a sus
seguidores. Algunos dicen que en sus gobiernos se gastó la friolera de $700 mil
millones de dólares. Adecos y copeyanos los hubieran repartido entre los políticos
y los ricos, como hizo Carlos Andrés Pérez con la enorme bonanza que vivió durante
su primer gobierno, cuando Venezuela llegó a ser el primer consumidor absoluto
de whisky del mundo.
Se le acusó, también, de ocultar a nuestra guerrilla
detrás de las fronteras de su país. Pero fue de los primeros en decir que era
hora de que se dedicaran a hacer política y dejaran las armas. Y agregó que el
día que en Colombia se consiguiera la paz los primeros en festejarlo serían los
venezolanos. Es más, en uno de esos extraños días en que el presidente Uribe
pensó que la paz se podría conseguir mediante el diálogo, le pidió su apoyo.
Por ahora todos los analistas se han dedicado a
decirnos que Chávez fue solamente un caudillo; es decir que con su desaparición
su obra se desvanece como el humo. Habrá que ver. Por lo menos para las
elecciones de abril se da por descontado el triunfo del chavismo.