lunes, 21 de septiembre de 2009

No era tuerto sino bizco

Por lo que hemos sabido, “el tuerto” no era tuerto sino 'solamente' bizco. Y no era un hombre tan desconocido en las letras hispanas, como lo habíamos creído; de él dijo don Miguel de Unamuno en una entrevista en el año 1921: “Luis Carlos López es hoy por hoy el poeta más original de habla hispana”.
En un prólogo de Ramón de Zubiría a la edición de la obra de Luis Carlos López, del Círculo de Lectores, nos dice: “su vida –y esto sorprenderá a muchos- se caracterizó por el orden y el plácido discurrir familiar. Fue esposo y padre ejemplar…”

¿Cómo entender que un esposo y padre ejemplar, cuya vida haya discurrido plácidamente, tenga una visión tan escéptica de la vida y de sus congéneres? ¿Será que la poesía fue la manera que encontró este hombre para hacer soportable todo lo que veía? Porque ya fuera tuerto o bizco, sabemos que observaba bien y nos ha dejado unos cuadros que así lo demuestran. Como la señora del señor pudiente que tocaba mal el piano y hacía pensar al tuerto: “¿Pero por qué Mozart no fue albañil?” O aquel Casimiro, el campanero de la iglesia rural, que tenía una sobrina tan hermosa como casquivana, del que nos dice:

“…¡Y quién podrá decir que Casimiro
No apuró sorbo a sorbo, en un suspiro
Y otro suspiro, un cáliz de amargura,

Conociendo la lengua viperina
de las devotas! Conociendo al cura!
¡Y conociendo tanto a su sobrina!”

Terminemos con una verdadera muestra de escepticismo:

MISANTRÓPICA TARDE

Misantrópica Tarde campesina,
Sin sol. En el crepúsculo barcino,
Puesta como de canto
Sobre un techo pajizo,
llora una luna de latón…

El río,
Fonje y turbio, semeja
Dormitar.
Y los árboles torcidos
Desnudos y nudosos,
Seguramente sufren de artritismo.

Fosco silencio y aridez… Acaso
-torpe mancha movible- algún vampiro
Da tumbos y se aleja
Como un pasquín…

Y todo, en el fastidio
Del ambiente letal, sin una fresca
Pincelada de luz, me dice a gritos
Con hierático gesto
Y elocuente mudez: -¡Pégate un tiro!

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