viernes, 27 de agosto de 2010

La razón de la sinrazón


A propósito de Tales de Mileto, le escribe Anaxímenes a Pitágoras:

“Tales en su vejez partió con poca felicidad. Saliendo como solía al zaguán de su casa por la madrugada, acompañado de una criada, a fin de observar los astros, no acordándose del estado del terreno, mientras miraba los cielos atentamente, se precipitó en un hoyo. Este fin tuvo este astrólogo”.

Pero en otro aparte del libro ("Vidas de los filósofos griegos ilustres") cuenta Diógenes que Tales no murió en estas circunstancias, y que la criada, ayudándole a salir del hoyo, le dijo: “Oh, Tales, tú presumes ver lo que está en los cielos, cuando no ves lo que tienes a tus pies”.

Esa criada realista me recuerda a una tía mía, solterona, que en paz descanse. Se burlaba de mi abuelo cuando éste había perdido la razón. Pero la vida de ella había sido una sucesión continua y monótona de misas, rosarios y ansiosas letanías. Desde esa perspectiva de vida tan pobre se burlaba del viejo. Pero, pregunto: ¿lo de ella, era vida? ¿Y era más razonable que la del abuelo? Ahora bostezarán ambos allá arriba en los cielos, aburridos de tanta felicidad.

Y entre otras cosas, la palabra astrólogo, con el correr del tiempo ha devenido en adivino y charlatán. Cuando antes era astrónomo.

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